Caracas, Venezuela Sábado 4 de Febrero de 2012
Ultima actualización: 3 febrero 2012 a las 09:01 pm

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Ettore Chimeri llevó la bandera de Venezuela a la fórmula 1

Por Redacción el Viernes, 26 febrero 2010
Ettore Chimeri llevó la bandera de Venezuela a la fórmula 1
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CARACAS.- El 27 de febrero de 1960, durante los entrenamientos del Gran Premio Libertad celebrado en Cuba, el piloto Ettore Chimeri encontró la muerte al volante de un Ferrari Testarossa 250 TR. Tres semanas antes, había debutado en la Fórmula 1 en el Gran Premio de Argentina, convirtiéndose en el primer piloto venezolano en participar en la máxima categoría del automovilismo mundial.

Nacido en 1921 en Lodi, a unos 50 kilómetros al sur de Milán, en Italia, Ettore Chimeri arribó a Venezuela en el primer lustro de los años cincuenta, desarrollando una próspera actividad en la industria textil.

Su nombre aparece por primera vez en los registros locales durante el primer Gran Premio de Venezuela de autos sport, carrera efectuada en Los Próceres en 1955. Junto a Franco Cornacchia compite en un Ferrari 500 Mondial pero deben abandonar a mitad del recorrido, prueba que se adjudicó el entonces tricampeón mundial de F1, el argentino Juan Manuel Fangio en un Maserati.

La pasión de Chimeri por la velocidad y la adrenalina le viene desde sus tiempos de piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial, cuando con poco más de 20 años de edad, formó parte de la escuadrilla 73 de la Fuerza Aérea Italiana en la que alcanzó el grado de sargento. Con el estilizado y eficaz Macchi, completó numerosas misiones en los cielos del norte de África y en sur de Italia, enfrentándose a los cazas Spitfire y Hurricane británicos, además de derribar algunos bombarderos aliados.

En las competencias venezolanas que se desarrollaban en carreteras abiertas entre ciudades o circuitos urbanos, Ettore Chimeri de inmediato se ubica en el grupo de vanguardia, midiéndose a las figuras locales que tienen a Julio Pola como el corredor de mayor jerarquía, junto a Joao Rezende Dos Santos, Ali Rashid, Lino Fayen y Maurizio Marcotulli, entre otros.

Refinados fabricados italianos marca Ferrari o Maserati son los empleados por Ettore Chimeri. Durante el III Gran Premio de Venezuela válido para el Mundial de autos sport celebrado en 1957, culmina en el sexto puesto absoluto en la división Sport mayor de 2 litros, en pareja con Maurizio Marcotulli en un Maserati 300 S. Fueron masacrantes 1000 kilómetros y más de 6 horas de recorrido sobre las avenidas de Caracas, en los alrededores de Los Próceres.

Logra varias conquistas en las rutas nacionales, como la Subida a Pedro García o la Vuelta a Aragua, pero su objetivo es incorporarse a la élite del automovilismo mundial. En 1959 Chimeri cuenta con 38 años, edad madura y entonces considerada normal para encarar una campaña semejante. Le compra a Juan Manuel Fangio un Maserati 250F, máquina que en 1957 le dio al argentino su quinto y último título mundial.

LA FÓRMULA UNO COMO OBJETIVO

Los últimos tres meses en la vida de Ettore Chimeri lo vieron competir en los eventos automovilísticos más importantes del momento, competencias efectuadas en todo el continente americano.

Aunque jamás ha manejado un F1, Chimeri piensa debutar en el I GP de los Estados Unidos a celebrarse en diciembre en Sebring, pero un retraso en el transporte marítimo impide que su auto llegue a tiempo a Florida. Es un modelo antiguo – diseñado en 1954 – con motor delantero, poco competitivo ante el avance de los pequeños monoplazas británicos con propulsor trasero. Fue el mismo coche que Fangio llevó a la victoria en el GP de Mónaco de 1957.

Ettore Chimeri participa en la sexta edición de la Semana de la Velocidad en Nassau, Bahamas. Lleva su poderoso Ferrari 250TR 12 cilindros con el que participa hasta en cuatro carreras, adjudicándose el cuarto lugar en la batería reservada exclusivamente a los autos de Maranello, prueba que tuvo como vencedor al norteamericano Phil Hill, seguido del joven mexicano Ricardo Rodríguez, ambos en vehículos similares al del venezolano.

Inmediatamente Chimeri viaja a Florida inscribiéndose en la categoría Fórmula Junior con un Stanguellini Fiat de 1100cc, categoría equivalente a lo que hoy sería la Fórmula 3. Debe abandonar, mientras el caraqueño Juan Vené arriba décimo, detrás de otro piloto con licencia venezolana – aunque yugoslavo de pasaporte – Ladislao Blatnik.

De vuelta al país, Ettore tiene ambiciosos planes con miras a la campaña 1960. Su meta es establecerse regularmente en la máxima categoría y fija su estreno para la primera semana de febrero en el GP de Argentina, a disputarse en el Autódromo Municipal de Buenos Aires.

El Maserati 250 F tiene un costo de 7 mil bolívares de entonces y antes de partir hacia Buenos Aires llegan a probarla en una base aérea del estado Aragua. El encender el auto fue de por sí una tarea complicada, tal como lo recuerda don Dino Turco, quien también aprovechó la ocasión para conducirla y sentir toda su potencia.

ALEGRÍA RIOPLATENSE Y TRAGEDIA ANTILLANA

A fines de enero de 1960 se disputan los 1000 Kilómetros de Buenos Aires en la categoría Sport, cita en la que Chimeri aparece inscrito junto a Julio Pola para llevar un Ferrari 250 TR. El bravo volante de origen español Pola sufre un accidente durante los entrenamientos luego de perder una rueda, escapa sin lesiones, pero el auto no puede ser reparado a tiempo y no consiguen tomar la salida luego de marcar el décimo tiempo en su división.

El primer fin de semana de febrero se celebra el Gran Premio de Argentina de Fórmula 1, fecha de apertura del campeonato mundial. Ettore Chimeri es uno de los cinco inscritos que participa con los antiguos Maserati 250F los que inevitablemente cierran la clasificación de 20 monoplazas.

El venezolano lleva la máquina identificada con el número 44 la cual conduce por primera vez en un circuito. Su tiempo es de 1’50”5, a 4 décimas del prometedor argentino Nasif Estefano, en una máquina similar. La pole position es para el británico Stirling Moss con parcial de 1´36”9 en un Cooper T51 Climax. Crónicas porteñas indican que Julio Pola también llegó a manejar el auto de Chimeri durante los entrenamientos del jueves.

La carrera se disputa sobre un recorrido de 80 vueltas a la pista de 3,9 kilómetros. La temperatura supera los 40 grados centígrados en pleno verano del hemisferio sur, lo que pone a prueba la resistencia a los pilotos. Ettore Chimeri no soporta las tórridas condiciones y claudica por agotamiento en el vigésimo tercer giro, similar motivo que obliga a abandonar al británico Alan Stacey apenas una vuelta después. La deshidratación también cobra una víctima en el argentino Antonio Creus.

La Temporada Argentina de automovilismo internacional culminaba una semana después en Córdoba, carrera citadina en los alrededores del Parque Sarmiento que lleva por nombre XVI Gran Premio Ciudad de Buenos Aires. Ettore Chimeri se inscribe junto a otros dieciséis volantes, grupo en el que no están presentes los tres Ferrari oficiales, así como el as británico Stirling Moss, quien adujo no querer competir junto a volantes inexpertos.

Durante la jornada del sábado, el ídolo local Juan Manuel Fangio vuelve a subirse a la antigua Maserati 250 F para unas vueltas de exhibición. Toma el auto propiedad de Chimeri y por un verdadero milagro, el quíntuple escapó ileso de lo que pudo ser un grave accidente. El auto pierde dos ruedas en el impacto pero es reparado a tiempo y así Ettore puede tomar la salida, agotadora justa que sólo registra cinco clasificados, entre ellos el venezolano que logra reponerse de la debacle física bonaerense, colocándose en un meritorio cuarto lugar, si bien a una docena de giros del ganador, el francés Maurice Tringtignant en un ágil Cooper Climax.

Ettore Chimeri apenas tuvo para descansar porque el siguiente compromiso estaba pautado en Cuba, una cita a la que originalmente no pensaba asistir, pero a último momento cambió de parecer, inscribiéndose tanto para la prueba con los autos deportivos con el Ferrari Testarossa, como con el pequeño Stanguellini de Fórmula Júnior.

Para La Habana parte una nutrida delegación venezolana, compuesta, además de Chimeri, de Freddy Brandt, Juan Vené, Silvano Turco, Ugo Tosa y Andrea Melarosa. El miércoles 24 de febrero toma la salida en el GP de La Habana, primera serie de F.Junior en la que arriba en el sexto lugar, mientras Juan Vené lo hace en el undécimo. La segunda manga se corre el domingo, bajo la denominación del GP de la Libertad.

El sábado 27 se cumplen los entrenamientos de la carrera estelar para los poderosos autos sport que participarán en el GP de Cuba. Ettore Chimeri conduce su Ferrari 250 TR que lleva el número 12 en el extenso trazado de 5,1 kilómetros desarrollado en una base aérea militar Campamento Libertad, a las afueras de La Habana.

Por razones desconocidas, presumiblemente por una falla en los frenos, el auto de Chimeri siguió de largo en una curva en “u” al final de la recta presidencial, dejó atrás las barreras de protección, precipitándose por una hondonada hasta culminar maltrecha al fondo de una quebrada ubicada a unos 300 metros. La violencia del impacto proyectó al corredor fuera de su máquina. Aunque fue atendido con rapidez y transportado en helicóptero a un hospital cercano, Chimeri sucumbió ante la gravedad de las heridas.

La tragedia de La Habana puso fin al sueño de Ettore Chimeri de enfrentarse a los mejores pilotos del planeta. Se trató del segundo piloto venezolano muerto en un trazado extranjero, infausta estadística que estrenó el popular Pancho Pepe Cróquer en Barranquilla, Colombia, en diciembre de 1955.

EL RECUERDO DE JUAN VENÉ Y DINO TURCO

El periodista Juan Vené acompañó a Ettore Chimeri tanto en la carrera de Sebring como en La Habana y ambas compartió la pista con su amigo en la categoría Fórmula Junior.

Vené recuerda a Ettore Chimeri como un compañero generoso, con una enorme pasión por el automovilismo. De igual manera, apunta que es incorrecto el que no se considere a Chimeri como piloto venezolano, porque formó su familia y desarrolló una próspera actividad comercial en el país, además de su trayectoria deportiva.

“En cuanto a lo que significaron aquellos europeos para Venezuela, creo que sin ellos no habría historia del automovilismo, ni del motociclismo, ni del ciclismo en nuestro país – afirma Juan Vené -, fue como si nos hubieran llegado del cielo… Pero también nos enseñaron a vestir mejor, a cocinar mejor, a comer mejor, a servir mejor y a ser mejores ciudadanos. Así lo viví y lo siento humildemente y lo agradezco en forma infinita”.

Vale señalar que a pesar del inmenso dolor que los embargaba ante la abrupta desaparición física de Chimeri, los pilotos criollos que competían en Cuba tomaron la salida en las carreras efectuadas al día siguiente del accidente. Juan Vené culminó noveno, batería en la que se impuso el italiano Lorenzo Bandini, que unido al undécimo peldaño en la primera serie, le permitió al caraqueño culminar entre los diez primeros.

Don Dino Turco también evoca con aprecio los tiempos en los que compartió con el valeroso Chimeri y hace mención especial al momento cuando manejó un auto de Fórmula 1 en Venezuela y luego al tener que devolverlo a Italia.

“Fuimos a una base aérea en Maracay para probar el Maserati 250 F que Ettore le había comprado a Fangio – recuerda Dino Turco – Costó muchísimo para que pudiera arrancar, pero una vez en marcha, era impresionante su velocidad. Lo manejé un momento y todo a mi alrededor se acercaba demasiado rápido… Tras la muerte de Chimeri, su viuda me pidió que vendiera ese auto. Lo transportamos otra vez hacia Italia, pero lo que nos pagaron por él, apenas si cubrió los gastos del embarque marítimo. Pocos años después, supe que el carro había sido vendido a un precio enorme…”

En cuanto al Ferrari Testarossa 250 TR con el que encontró la muerte Ettore Chimeri, decenas de historias circularon acerca del destino del maltrecho vehículo que se incendió tras el violento impacto. Recuperado del barranco en el que culminó, nunca se supo su destino final, si bien algunos cubanos señalan que el motor 12 cilindros fue puesto en exhibición en un instituto técnico local, mientras los ávidos cazadores de autos de colección jamás lograron rescatarlo ni encontrar la valiosa placa o chapa original del serial emitida por la casa de Maranello. Autos similares tienen un valor actual entre los 8 y 12 millones de euros.

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