CARACAS.- Volver a lo más alto del podio y ratificar su nivel de número como mejor espadista del mundo, era una suerte de revancha que Silvio Fernández venía amasando desde que el polaco Gabor Boszko y su esgrima potente y calculadora, le cerró el camino en los Juegos Olímpicos de Beijing para dejarlo sin medallas.




